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martes, 7 de junio de 2011

El rol femenino en Yerma de Federico García Lorca

El teatro de Federico García Lorca se caracteriza por el extrañamiento, aquel proceso en el que desestabiliza la mirada. Al ser un escritor de vanguardia, utiliza varias estrategias que resultan peculiares en una obra de teatro, tales como la poesía o los nombres simbólicos.

En el siguiente ensayo se tiene como objetivo el análisis del problema de género femenino en Yerma.
La obra de teatro se ambienta en la España rural
de principios del siglo XX, en donde los roles de género estaban muy pautados. Los hombres se encargaban de trabajar el campo, y las mujeres debían permanecer en casa, cuidando de sus hijos. Es decir, que el único rol fundamental de la mujer de la España rural del siglo XX era ser madre:

"[...] Yerma: Los hombres tienen otra vida, los ganados, los árboles, las conversaciones; las mujeres no tenemos más que esta cría y el cuidado de la cría. [...]"

De este modo, Yerma respeta el modelo de mujer que de ella espera el entorno social, ya que ella quiere ser madre:

"[...] Yerma: Hemos de sufrir para verlos crecer. Yo pienso que se nos va la mitad de nuestra sangre. Pero esto es bueno, sano, hermoso. Cada mujer tiene sangre para cuatro o cinco hijos y cuando no los tienen se vuelve veneno, como me va a pasar a mí. [...]"

Sin embargo, ella sabe que si no tiene hijos se volverá "mala", una mujer inservible para la época. Ella buscará un hijo hasta el último momento: será ella la que incitará a Juan a tener relaciones sexuales con ella, y él hará caso omiso a estos pedidos de atención. Juan evitará el tema de los hijos durante toda la obra, y hablara de ello como si fuese algo malo:

"[...] Juan: Las cosas de la labor van bien, no tenemos hijos que gasten. [...]"

Como consecuencia a este error de la naturaleza, en donde una mujer no puede ser madre, Yerma transgrede el modelo social. Por ejemplo, sale de casa cuando debería quedarse dentro, habla con Victor, un pastor amigo, etc.

Por otra parte, la misma naturaleza es la que le impuso a Yerma no ser capaz de tener hijos, será también la que le muestre aún más su carencia de fertilidad.

"[...] Yerma: Que estoy ofendida, ofendida y rebajada, hasta lo último, viendo que los trigos apuntan, que las fuentes no cesan de dar agua y que paren las ovejas cientos
de corderos, [...] mientras yo siento los golpes de martillo aquí, en lugar de la boca de mi niño. [...]"

Aquí se ve un contraste de símbolos, la naturaleza como la fertilidad que Yerma no tiene. Por el contrario, el martillo como una figura metálica, infértil, seca, que es lo que Yerma tiene.

También se ven las figuras femeninas en la obra como un contraste con el personaje de Yerma. María, la amiga de Yerma, se presenta como una mujer vívida y fértil, que queda embarazada apenas a los cinco meses de matrimonio. Por otro lado, la vieja, cuya honra contrasta con la de Yerma, está más allá del "qué dirán" social. Pero Yerma seguirá fiel a sí misma por sobre todas las cosas:

"[...] Yerma: Vivo sumisa para ti, y lo que sufro lo guardo pegado a mis carnes. Y cada día que pase será peor. [...]"

En esta cita se ve que aunque Yerma anhele desesperadamente un hijo, jamás haría nada para hacerle quedar mal a Juan, aún a costa de su propio sufrimiento. No obstante, él no entiende el honor de Yerma ni su deseo de tener hijos, razón por la cual le pide a sus hermanas que custodien a su esposa.

De este modo, Yerma es custodiada por sus cuñadas, lo que le recuerda permanentemente su imposibilidad de tener hijos. Todo este panorama la hace recaer como última opción a la superstición y concurrirá a iglesias clandestinas, realizará ritos paganos, etc. Cae en la desesperación, y no le importa la mirada social del pueblo:

"[...] Yerma: Lo tendré porque lo tengo que tener. O no entiendo el mundo. [...]"

Ella siente que su sangre se volverá impura, marchita, y el dolor, "las sanguijuelas que le pican la nuca", "los golpes de martillo" en su vientre, la volverán loca. A pesar de esto, ella nunca engañará a su esposo:

"[...] Yerma: ¡Anda! Acércate a mí y huele uno de mis vestidos; ¡acércate! A ver donde encuentras un olor que no sea el tuyo, que no sea de tu cuerpo. [...] Haz conmigo lo que quieras, que soy tu mujer, pero guárdate de poner nombre de varón sobre mis pechos. [...]"

En cambio, Juan se preocupa únicamente por el honor social, aquello que para Yerma es irrelevante:


"[...] Juan: Y que las familias tienen honra y la honra es una carga que se lleva entre dos. [...]"

Finalmente, Yerma se entera de la realidad. Los deseos de ella y su pareja se contraponen, él quiere una mujer que esté en su casa y la cuide y ella quiere un hijo de él, pero Juan no quiere. Éste será el hecho final que lleve al desenlace trágico.

En conclusión, "Yerma" es un nombre simbólico, que significa "estéril, que no da vida", es el nombre que marcó el destino de esta mujer. Si bien ella podría haber elegido ir en contra de su honor, no lo hizo, se mantuvo fiel a su postura y buscó un hijo hasta el final, lo que la muestra como una heroína activa. No obstante, al saber que nunca será madre, y será marchita para siempre, decide asesinar con sus manos a su única posibilidad de ser madre. "Marchita" le grita Yerma a Juan al final, afirmándole su dolor. Si va a ser marchita, por lo menos, que sea por decisión propia.

2 comentarios:

Laura Esponda dijo...

¡Muy buen texto, Vicky!

Victoria dijo...

Gracias! :)

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